Carta a Betsaida (fragmento I)

Soy débil y egoísta. Quisiera tener mil vidas y otras tantas oportunidades para remediar los males que he cometido. Eso es imposible o por lo menos poco probable, ya que ignoramos tantas cosas y sabemos nada respecto a lo que hay más allá de las fronteras de nuestros sentidos y nuestra razón que tal vez en otro tiempo y espacio sigamos juntos, riendo como sabíamos hacerlo, recostados, conversando de temas que no tienen principio ni fin. Al menos tú pudiste librarte de mí, y no lo digo para victimizarme, sería demasiado patético, lo digo como un ejercicio de sinceridad. Yo debo soportarme a mí mismo, sabes bien, niña, que nunca he podido aceptar los defectos del ser a quien llamo yo, a pesar de eso mi conducta nutre día a día dichos defectos, me horroriza saber que me acompañarán hasta el día que muera.

No solo nuestros actos definen lo que somos. El prisma de la vida humana se compone de distintas líneas, entre las cuales están lo que creemos ser y lo que deseamos ser. Siempre he anhelado un cuerpo y un alma perfectos, más mi voluntad es débil y perezosa. De manera constante dejo todo para después, tanto, que mi porvenir siempre se torna dichoso e inalcanzable. Como si todos mis éxitos estuviesen a la vuelta de la esquina, pero soy yo mismo quien tropieza a la más leve irregularidad del terreno o da pasos atrás, como temiendo avanzar. Nunca he podido explicarme el por qué y para qué de mi propio sabotaje. El tiempo, niña, que es tan favorable para ti, se convierte cada vez más en un factor que agranda mis fracasos y que me enseña, que entre mis acciones y mis deseos, hay un abismo cuyas orillas se vuelven más lejanas debido al constante cincelar de mi peor enemigo: yo.

No es una penosa justificación, en ocasiones no me reconozco, cuando veo en retrospectiva mi conducta, me gusta creer que he superado ciertos vicios y que los desaciertos son también causados por las circunstancias. Los golpes de realidad son los que me llevan a saber que no es así, que son mis pasiones frustración, cobardía e inseguridades, las causas de mi equivocación. Me repito constantemente que basta con esforzarme más para superar todo y comenzar de nuevo, pero jamás iniciamos desde el mismo punto; cada mentira, cada palabra iracunda, cada episodio despreciable, son como pesas que me hunden en la oscuridad, donde apenas puedo distinguir la luz de la superficie, allí, donde estás tú.

Temo que al repetir tantas veces que no pretendo justificarme lo esté haciendo sin darme cuenta, no es sencillo describir las cosas, los actos son siempre más puros o impuros que las palabras que los nombran, y la perspectiva del culpable difiere mucho de la perspectiva de quien le acusa. Una acción nunca es la misma, no se repite, ya que el universo está en constante movimiento, el ser que comete un acto, las condiciones del mismo y el lugar en el que lo hizo, cambian a cada segundo, más la palabra que lo refiere se multiplica por enésimas ocasiones, dando a distintos sucesos un mismo nombre.

4 comentarios en «Carta a Betsaida (fragmento I)»

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