El personalismo de Morena

Faltando algo menos de dos meses para las elecciones, la pelea por los espacios y las candidaturas no da respiro. Con Morena encabezando todas las encuestas  para el Congreso y las gubernaturas que renuevan este año, el gobierno parecía confiado en que iba a revalidar su respaldo en las urnas; sin embargo, la impugnación de dos de sus candidatos a gobernador en dos estados clave del país (Guerrero y Michoacán) desató una tormenta institucional que debilita aún más la ya endeble democracia mexicana.

El argumento esgrimido por el INE fue que Félix Salgado Macedonio y Raúl Morón presentaron fuera de plazo el reporte de gastos de precampaña, a lo que ambos adujeron que se trata de una maniobra sucia para impedir que el oficialismo gobierne estos dos estados. Hasta ahí, el problema no pasaría de un asunto de justicia electoral que se resolvería mediante los canales habituales. El problema fue que estas declaraciones fueron respaldadas y amplificadas por López Obrador. Los ataques del presidente al organismo electoral, al que señaló como instrumento de los partidos tradicionales para perpetuarse en el poder, tensaron unas elecciones que de por sí se adivinan complejas, por cuanto que por primera vez en la historia, los tres partidos más grandes de México conformaron una alianza con el afán de conservar bastiones históricos en los que renuevan bancas y gobernadores.

En rigor, las acusaciones de AMLO son ciertas: la reforma electoral sancionada durante el sexenio de Peña Nieto, que disolvió el IFE para refundarlo con INE, no difería de la reforma que a su vez había creado el organismo anterior, bajo el gobierno de Salinas de Gortari, ni de las anteriores “reformas políticas” que el PRI fue sancionando durante el período en que ejerció como el partido de gobierno único, para ceder paulatinamente espacios de poder a la oposición y dar la apariencia de pluralidad. Decir que el INE es otra herramienta de “la mafia del poder” no es ninguna novedad, es algo que cualquier persona más o menos informada sabe o puede intuir. El problema no es ese. El problema es que Morena, en su afán de arremeter contra sus adversarios, no repare en incurrir en las mismas prácticas que aquellos. El INE nunca proscribió a Morena, sólo rechazó la candidatura de dos figuras, dándole un plazo para que designara reemplazantes, todo lo cual está en el marco de la ley electoral. Pero en lugar de buscar figuras de recambio, que incluso pudieran ser escogidas por los mismos candidatos impugnados, el gobierno optó por una ofensiva mediática (en las mañaneras) y judicial (recurriendo al TEPJF), alegando que tanto Salgado Macedonio como Morón fueron “elegidos por el pueblo”. El argumento vuelve a demostrar dos rasgos distintivos de Morena: uno, el arrogamiento de la representación popular sin exhibición de pruebas, encuestas o consultas (a las que son tan afectos) que corroboren tal representación; el otro, el personalismo como modalidad de elección de cargos. ¿Cómo fue que Salgado Macedonio y Morón obtuvieron las candidaturas a gobernadores? ¿Hubo un proceso de elecciones internas, como correspondería a cualquier partido con una estructura democrática, o fueron designados por decisión expresa de Obrador y sus colaboradores más estrechos? Cuesta pensar en la primera alternativa, sobre todo en el caso de Salgado Macedonio, acusado de abuso sexual por varias mujeres y cuya postulación fue fuertemente cuestionada por agrupaciones feministas dentro y fuera de Morena, cuestionamiento que el presidente desestimó con las descalificaciones que ya son habituales en él.

Una vez más, el problema no pasa por la veracidad de las acusaciones de AMLO hacia el organismo electoral, sino porque su gobierno no sea capaz de proponer una superación democrática de aquello que se supone vino a reparar. Y más que a los partidos políticos, estos cuestionamientos ponen en jaque al sistema político en conjunto. ¿Cómo puede sostenerse un gobierno que se declara en guerra con las mismas instituciones que lo sostienen y lo validan como representante del pueblo? ¿En qué se diferencia el INE que hace tres años le otorgó la victoria a Morena en las elecciones generales, de este que de repente pasó a ser otro engranaje de la mafia neoliberal? Ciertamente, la oposición no tiene ninguna autoridad moral para criticar a Obrador, no hay nada que él haga o quiera hacer que ellos no hicieran antes. Todos los presidentes reformaron la Constitución a gusto cada vez que necesitaron hacerlo, todos manipularon a la justicia y al Congreso para sancionar  o bloquear las leyes que necesitaban, todos asumieron con sospechas de fraude, algunas más probadas que otras. Pero eso no justifica que Morena las haga, o que estén bien porque las hace Obrador. Se lo votó precisamente para que ya no sucedan, no para que sigan sucediendo pero ahora “el beneficio es para el pueblo”.

No son pocos los que señalan estos y otros problemas en el funcionamiento interno de Morena, el principal de los cuales puede que sea la incapacidad para dejar de ser un movimiento al servicio de Obrador y convertirse en un partido democrático desde el cual salga un sucesor que garantice la continuidad del modelo. Pero si esa continuidad se construye a base de las mismas artimañas de siempre, es inevitable preguntarse cuánto tardará Morena en convertirse en lo mismo que ellos.

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