¿Por qué leer Autopista del sur de Julio Cortázar?

Los cuentos de Julio Cortázar son, en muchos casos, una invitación para reflexionar sobre diversos temas. Y Autopista del sur, con el que abre Todos los fuegos el fuego, es, a mi juicio,  uno de los mejores.

Entre los grandes méritos del Julio cuentista está su capacidad de traspasar la frontera de lo real y lo fantástico con mucha facilidad. Así como crear historias sólidas, breves y contundentes. Cada una con un lenguaje propio y una atmósfera única.

Una masiva congestión de vehículos en las afueras de París es el eje del cuento. Cortázar describe un mar interminable de coches que sin saber el motivo, tienen que detener su marcha y esperar. En la radio no hay información al respecto. Los rumores sobre las causas son esparcidos por extranjeros, quienes mienten y buscan sacar provecho de la situación. Uno de los tantos guiños de Julio que podría relacionarse con la realidad. El mutismo de los medios de comunicación sobre ciertos problemas y los países que se benefician con el caos y la incertidumbre de algunas naciones.  

Las personas no abandonan sus vehículos y pasan semanas o tal vez meses apenas avanzando unos metros: somos esclavos de nuestras posesiones. Nos pasamos la vida trabajando para comprar algo que creemos poseer cuando en realidad es al revés. Salvo una excepción, todos y cada uno de los dueños de los coches permanecen ahí. Otra pincelada de genialidad es que los personajes carecen de nombre. Son llamados como las marcas y los modelos de sus vehículos o por su oficio. Porque, como lo dijeron Oscar Wilde y otros tantos, el valor de los humanos se confunde con el de sus pertenencias.

Ante esa nueva realidad no hay alternativa, la gente debe organizarse y satisfacer sus necesidades. De tal suerte que logran crear vínculos para cumplir ciertos cometidos como conseguir alimento y agua. El dolor de la enfermedad y la muerte son inevitables, como lo es también la búsqueda del placer.

¿Cuánto tiempo de nuestras vidas pasamos en trasladarnos de un lugar a otro? Del trabajo a la casa y de la casa al trabajo. Sea en un automóvil, un tren o un autobús. ¿Cuántas horas de la semana están destinadas a perderse bajo el sol del mediodía, la lluvia del verano o el frío del invierno? Enclaustrados en una pequeña prisión cuyo color nosotros mismos elegimos. Así como los personajes de Autopista del sur están atrapados en ese embotellamiento, así nosotros estamos atrapados en nuestras circunstancias. Nos las arreglamos para apaciguar nuestra hambre y nuestra sed; soñamos, queremos y nos desilusionamos en este atolladero llamado vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *