1,181 casos de violencia policial en lo que va del inicio de las protestas en Colombia —28 de abril— hasta el tres de mayo del año en curso. De esos casos se derivan: ciento cuarenta y dos víctimas de violencia física, veintiséis víctimas de homicidio, setecientos sesenta y un detenciones —arbitrarias— a manifestantes, doscientos dieciséis intervenciones violentas por parte de la fuerza pública, diecisiete víctimas de agresión en los ojos, cincuenta y seis casos de disparos de arma de fuego por parte de la policía, nueve víctimas de violencia sexual por parte de la fuerza pública y cincuenta y seis denuncias por desapariciones en el contexto de las movilizaciones (datos de la plataforma Grita, de Colombia).

Es lamentable que los números sean escandalosos por su densidad y no por la mera referencia gráfica de un “servidor público” agrediendo a la población civil, que se manifiesta, peleando por los derechos vitales de éste mismo. Hace seis días que comenzaron las protestas, sobre todo en Cali y Bogotá, para oponerse a una reforma asesina en la que el —dictador— presidente Iván Duque dictaminó el aumento a la reforma tributaria, que incluía el aumento a la canasta básica, las materias primas de los campesinos y los productos de higiene. Sorprendentemente no ponía ningún impuesto a las multinacionales, como es común en el mecanismo de los Estados neoliberales.

Es así que se convocó a un paro general contra la reforma tributaria, tal parece que a los gobernantes de los Estados nación debemos recordarles que su trabajo debería de ser en función de la vida y no en franca adscripción con una necroeconomía —apoyada de una evidente necropolítica— que atenta incluso contra los que, pretende que, sean los súbditos mismos de este orden. ¿Bajo qué principios se rigen estas administraciones? ¿Acaso tienen principios, si es que es evidente que se trata de una bestia que se devora a sí misma? ¿Puede alguien así tener al menos un círculo nuclear de confianza o es que hasta a su propia familia estarían dispuestos a vender/asesinar, con tal de seguir generando ganancias? ¿Cuál es la lógica de producción si al final se pretende acabar con los/las explotados/as, los/las explotables y las/los consumidores?

Y es que no se entiende cómo siguen operando estas lógicas tan violentas que nos recuerdan a las dictaduras latinoamericanas de hace sesenta años, como si hubieran salido de una misma escuela de destrucción y de la que, evidentemente, son herederos gobiernos como los de Colombia, Brasil, Chile, Ecuador y Perú —entre otros—, actualmente. El presidente colombiano anunció la “asistencia militar” donde consideró que era necesaria, pero es importante no olvidar que Colombia tiene una historia larga de violación a los derechos humanos por los militares. El Escuadrón Móvil Antidisturbios —órgano de contención, pero sobre todo de represión y de desahogo de cualquier manifestación de la sociedad civil— ha ejercido la violencia frontal, disparando a la sociedad civil y violando a algunas compañeras manifestantes.

Esta brutalidad policiaca no ha sido evidenciada por los medios conservadores del país sudamericano; eso nos ha quedado claro en estos últimos años, dada la evidencia generada por las redes sociales que en alguna medida pueden combatir los procesos de una posverdad construida desde las nada nuevas fake news. La masacre de Duque ha quedado registrada por las y los compas, que con valentía se han mantenido en la lucha y han podido grabar desde sus dispositivos móviles, las persecuciones, los disparos y las agresiones físicas por parte de las fuerzas públicas. Las violaciones a los derechos humanos han quedado registradas, pero bajo amenaza de desaparecer de las redes sociales en poco tiempo —consecuencia de un Estado de control y toda su potencia, más allá de lo local—.

Lo anterior evidencia la necesidad de solidarizarnos con nuestras hermanas y nuestros hermanos colombianos; es preciso compartir en todas nuestras redes la evidencia de lo que está sucediendo en nuestro hermano país —seas del país que seas—, ya que además de que dicho material ha puesto en riesgo a muchas y a muchos compas que han difundido el material, también ha costado vidas humanas. Es importante que los ojos de todas las personas alrededor del mundo volteen la mirada a la masacre en Colombia, en pleno Siglo XXI y con el descaro que caracteriza el despotismo de los supuestos líderes al servicio del régimen neoliberal.

Es claro que el uso de las armas debería de ser el último recurso y eso no significa más que: ni siquiera debería de ser opción apuntar un arma a la población civil que exige sus derechos. Es que este uso de las armas sólo es simbólico, porque sistemáticamente estos órdenes ya han venido matando de hambre a sus ciudadanos, campesinos e indígenas. Es curioso como “el glorioso ejército de los EEUU” no ha dado un indicio de apoyo contra las violaciones a los derechos humanos —recurso que un par de años atrás ocuparía para intervenir contra la “dictadura en Venezuela”—.

Este breve escrito es un llamado para despertar y activar las consciencias, para alertar a todas las personas que se pueda, para que los gobiernos sepan que los pueblos nos cuidamos; no sólo los pueblos latinoamericanos, sino la opinión internacional. Quizá pienses, querido/a lector/a, que con un hastag o compartiendo no logras nada, porque no se visibiliza a gran escala —eso es lo que nos ha hecho creer la lógica neoliberal y que nos ha dejado en la cómoda posición de la inacción—, pero es muy importante que cada video, cada imagen de registro, cada imagen de apoyo, nota o recurso periodístico crítico, se repliquen, para que así sea menos fácil silenciar los gritos de nuestro pueblo hermano. Tu apoyo en las redes ayuda mucho, comparte y difunde:

#SosColombia #NosEstánAsesinando #ColombiaResiste #AmnistiaInternacional #ColombiaAlertaRoja #DuquePareLaMasacre #ParoNacional #SOS #Colombia

¡Apoyo total a Puerto Resistencia — antes Puerto Rellena, espacio significativo de lucha— y a la minga indígena colombiana que se encuentra en el epicentro de la lucha y la resistencia!

¡Solidaridad internacional con el pueblo colombiano!

¡No más muertes, sí a la vida!

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